La Atlántida es un isla fabulosa de la que habla Platón (siglos V-IV a. C.) en sus diálogos
Timeo y Critias
, el segundo de los cuales lleva el subtítulo de
La Atlántida
. Según él, existió más allá de las columnas de Hércules, es decir, al oeste del estrecho de Gibraltar, en el océano Atlántico; fue teatro de una gran civilización y desapareció bajo las aguas a consecuencia de terremotos e inundaciones, que tuvieron lugar en el transcurso de un día y una noche.
Estas afirmaciones, que tienen su precedente en las obras de Homero (siglo IX a. C.) y en las de Eurípides, casi contemporáneo de Platón, acaso nacieron de hechos reales, como la desaparición de tierras que en virtud de cataclismos geológicos que, presenciada por el hombre, dio origen a la transmisión de su recuerdo por tradición oral.
La Atlántica de Platón, con el emplazamiento por él señalado, tiene muchos visos de haber existido, según parecen probar los argumentos y datos suministrados en apoyo de la hipótesis por la geología, la zoología y la botánica. Desde finales del pasado siglo la cuestión entró en una fase de especulación científica, iniciada por el geólogo Donnelly.
Los actuales archipiélagos de Canarias, Azores y Madeira, todos de origen volcánico, que se vienen considerando desde el siglo XVII como restos de esa Atlántida desaparecida, estuvieron un tiempo unidos a los actuales territorios de Marruecos y Mauritania y se cree que pudo existir, si no un continente, sí una cadena de islas de mayor o menor extensión, a modo de puente entre África y las Antillas.